Las elecciones son el arma maestra de la democracia. No sólo valen para imponer gobiernos, también para sancionarlos, castigarlos o solucionar lo que los políticos no pueden arreglar haciendo las veces de proceso de limpieza a fondo. Tras su convocatoria, el gobierno en curso entra en funciones, esto es, mantiene sus competencias de gobierno, aunque con limitaciones legislativas en la toma de decisiones.
Las elecciones no sólo se adelantan para desatascar procesos, sino para refrendarlos. Los adelantos electorales son relativamente comunes en Reino Unido o Japón donde, ante situaciones de alta popularidad de los jefes de gobierno, un adelanto electoral se ofrece un refuerzo moral y numérico.
Una convocatoria electoral no terminará con las tensiones nacionalistas, aunque sí es cierto que podría apaciguarlas, limarlas o, por qué no, aumentarlas, dependiendo siempre del partido/os que ganen. Pero, a día de hoy, y a pocas horas de que se reúna el Senado, nos preguntamos:
1.- ¿Una convocatoria electoral anularía de facto el acuerdo del 155? Buceando en el texto del acuerdo del Consejo, no hemos encontrado nada que vincule la vigencia del 155 a una convocatoria electoral. Tal como vemos en el apartado E.9, la duración de las medidas aprobadas se mantendrá hasta la toma de posesión del nuevo gobierno y cesarán si se anulan las realidades que motivan la aplicación del decreto. Contando con que el acuerdo del Consejo se aprobara de manera literal, jurídicamente no, unas eleccion
es no desactivarían el decreto.
2.- Entonces, ¿en qué línea se mueve el 155? Las motivaciones del texto se presentan en el comienzo del documento, cerca de tres cuartos de este está compuesto por las motivaciones. El espíritu general sería la anulación y eliminación del grueso administrativo de la Generalitat de todo documento, política, procedimiento, financiación y un largo etcétera de hechos que empleen fondos y medios públicos para la independencia de Cataluña o su desobediencia al Estado. Por ende, la convocatoria electoral es el final del proceso, no su finalidad. En el apartado A expone que la competencia de convocatoria electoral será competencia de aquel organismo nombrado por el Gobierno para gestionar el poder ejecutivo catalán y que deberá darse en un plazo máximo de seis meses desde que el 155 entre en vigor.
3.- ¿Qué tiene que pasar para que se anule? Que desaparezcan las motivaciones esgrimidas por el gobierno al comienzo del documento, y entre ellas no está la convocatoria electoral.
4.- ¿Y si convoca elecciones? Estrictamente hablando, correspondería al Senado la decisión de anular la aplicación del artículo en función al criterio de la comisión correspondiente y del gobierno.
¿Debería anularse en caso de convocatoria? Las elecciones, como ya hemos dicho, son el elemento legitimador por antonomasia. No sólo imponen gobiernos, sino que los limpia, los arrasa y pueden dejar sin validez los acuerdos tomados por el gobierno saliente. Evidentemente, y esto no es información, es opinión, tanto unos como otros convertirán estas elecciones plebiscitarias –dicho de otra manera, a modo de referéndum encubierto- donde unos ganarían y otros perderían.
Dicho lo cual, entendiendo el cariz depurador de las elecciones, entendiendo que el propósito del gobierno central es y debe ser el mantenimiento del orden constitucional, entendiendo que la convocatoria de elecciones supone la “suspensión” de las medidas previamente aprobadas por el govern, y entendiendo que supone la victoria del gobierno central al haber evitado la independencia y haber «obligado» al govern a frenar todas las pretensiones políticas tomadas desde el seis de octubre, unas elecciones anticipadas serían, al menos moralmente, un motivo de peso para suspender, o retrasar la aprobación del 155 y esperar a ver qué deciden los electores entre una terna de partidos candidatos.
Ergo, opinión, no información: las elecciones catalanas anticipadas debería ser el motivo para que el 155 ni siquiera llegue a aprobarse, entendiendo que su espíritu de coerción ha surtido el efecto deseado y que, evidentemente, en un futuro hará falta mucha política y, sobre todo, mucho, pero que mucho conocimiento. Esto no soluciona el problema, no nos engañemos, pero sí lo reencauza.