Parlamentarismo y sistema proporcional: Ley D´Hondt

La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás

Winston Churchill

     El régimen parlamentario es el más común en Europa. Ya hemos explicado en otros artículos cómo este sistema difiere del presidencial –recordad que, a estos niveles, estamos siempre hablando en términos generales-, en que la separación de poderes no es tan evidente. Nos gusta plantear la democracia como lo que es, un método que, como tal, se desarrolla por ensayo y error pero que, además, puede adaptarse a las ideas de cada sociedad. Igual que las leyes físicas se adaptan a un coche para plantearlo de una manera o de otra, con la democracia pasaría algo parecido.

En Europa los modelos parlamentarios son muy similares entre sí, con aportaciones  propias más o menos sensibles en cada uno. El británico, por ejemplo, combina este modelo con el sistema electoral de mayoría

 

    Así pues, tras haber planteado el modelo presidencialista, vamos ahora con el sistema parlamentario. Este será más fácil: si tomamos el estadounidense como modelo presidencial, vamos a utilizar a España como modelo parlamentario. ¿Cómo varía el panorama electoral en un régimen u otro?: el parlamentario utiliza el sistema electoral proporcional.  Este modelo se basa en un reparto de votos diferente. La gran reivindicación democrática es que los procesos electorales se basen, o se acerquen, a la máxima de un elector, un voto. A este nos acercamos más en un sistema de mayoría pero, desde luego, nos alejamos, y bastante, cuando aplicamos el modelo proporcional. ¿Por qué? Porque en tanto en cuanto se busca una representación proporcional de los electores, el recuento se basa en una ley de reparto, cuyo autor, el belga Victor D´Hondt, es responsable.

Vamos a ello. La Constitución otorga al Congreso de los Diputados un máximo de cuatrocientos diputados, fijados en trescientos cincuenta por la ley electoral en vigor. Estos representan, como todos los parlamentos, al total de la población. Sin embargo, no toda la población elige a los diputados: sólo los mayores de edad son electores –y elegibles-, igual que en los demás sistemas.

 

El modelo proporcional intenta que el porcentaje de votos que obtenga un determinado partido se traduca en el mismo porcentaje de escaños que este partido ocupe en la cámara

 

España está dividida en cincuenta distritos electorales –quedando Ceuta y Melilla por otro lado, enviando uno cada una-, a cada cual, de manera automática, se le asignan dos diputados. El resto de ellos, hasta llegar a trescientos cincuenta, se asignan a cada distrito en función a su peso poblacional. De esta manera vemos que Madrid, envía treinta y seis diputados, mientras que Soria manda tres.

Armados con esta terminología, cada partido debe presentar ante la Junta Electoral una lista con un número de aspirantes igual al número de escaños en envía el distrito. Así pues, un partido que se presente por Madrid debe presentar una lista con treinta y seis n

Victor D´hont
Victor D’Hondt, 1841-1901

ombres y sus suplentes, por si acaso.  Estas listas se denominan cerradas y bloqueadas, es decir, que es el partido, y sólo el partido, quien determina a las personas que irán en ellas, haciendo que el elector que opte por tal formación deba aceptar, indefectiblemente, toda la lista. La tradición, norma no escrita, dicta que el candidato a la presidencia se presente como el primero de la lista por el distrito de Madrid, haciendo que sean sólo los votantes censados en esa provincia los que elijan directamente al candidato a la presidencia.

El Corruptor de Conciencias tiene como máxima reducir al mínimo la subjetividad –en la medida de lo posible- evitando la introducción de opiniones, cara a presentar al lector la información más objetiva posible para que este se corrompa a su gusto. Y vamos a mantener esta máxima de no opinar, por mucho que el modelo cerrado, bloqueado y alejado del elector del modelo español se asemeje al encasillado decimonónico de política cutre, torpe y caudillista.

Votos 1 2 3 4 5
PP 350.000 350.000 175.000 116.666 87.500 70.000
PSOE 289.932 289.932 144.966 96.644 72.483 57.986
PODEMOS 101.513 101.513 50.756 33.837 25.378 20.302
CIUDADANOS 95.525 95.525 47.762 31.841 23.881 19.105

Ya hemos llegado a la diferencia elemental: en el modelo proporcional cada distrito manda a varios representantes, que pueden ser de varios partidos y hace que la inmensa mayoría de los votos obtengan representación con independencia del partido al que vayan. Así pues, tenemos en nuestro ejemplo a la cabeza de lista de cada partido y todos estos tienen representación parlamentaria.

Votos por cada escaño
350.000 /1 350.000
350.000 /2 175.000
350.000 /3 116.666
350.000 /4 87.5000
350.000 /5 70.000

¿Cómo conseguimos esto? Victor D´Hondt, el padre de la criatura, aplicó el sistema de reparto matemático para que todos los votos tuvieran hueco. En aras a ceñirnos al espacio y a la explicación, vamos a hacer un ejemplo con números elegidos al azar.

Las variables son tres: el número de escaños, por un lado, cinco en nuestro ejemplo; el número de votos; y el número de partidos. El principio es simple: consiste en dividir los votos de cada partido una vez por cada escaño, colocándolos en el respectivo hueco. Una vez tengamos llena toda la tabla seleccionamos, siempre de mayor a menor, los números más altos, tantos número más altos como escaños a repartir. En nuestro caso, elegiremos cinco números. Vemos cómo estos corresponden a la primera columna, que es igual al número de votos obtenidos por cada uno –porque se han dividido entreCantabria_Papeleta_Elecciones_Generales_2015_Congreso_PSOE uno-. El quinto número más alto corresponde también al PP, que obtendrá un diputado más que el resto.

Y ahora entran en juego las listas cerradas y bloqueadas. Siempre por orden, como cada partido ha obtenido un escaño, cada uno enviará a la cámara en cuestión al primer nombre de la lista, salvo el PP, que enviará al primero y al segundo de esta. Si los número hubieran sido otros, o hubiéramos anotado más escaños y cada partido hubiera obtenido cuatro, cinco, seis, o los que fuera, siempre se sigue el orden de la lista. Es decir, si el PSOE hubiera obtenido cinco escaños, estos estarán ocupados por los cinco primeros nombres de la papeleta; los demás quedan fuera del parlamento. Sí, efectivamente: dado que las circunscripciones electorales son las provincias, el elector en Cantabria, cuando vota a las Cortes Generales, no vota al primero de la lista por Madrid –recordemos que la costumbre es que los partidos designen a este como el candidato a la presidencia-, vote-1468150_1920sino al partido que, entienden, debe gobernar.

Esta es otra gran característica del planteamiento parlamentario español, que desarrollaremos en la siguiente entrada –que, prometo, será muy interesante-, que consiste en enfrentarse a una elecciones parlamentarias de partido como si se tratara de un sistema de elección presidencialista. Este hecho no es ni bueno, ni malo, es, simplemente, un hecho.

 

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