¿Hasta qué punto hay que tolerar lo intolerable? ¿Hasta qué punto tenemos que aceptar ciertas ideas, opiniones o ciertos comportamientos sólo porque tenemos que jugar la baza de la tolerancia? De sobra sabemos que esta es una de las grandes dudas filosóficas no ya de nuestro tiempo, sino de bue na parte de la teoría social y democrática.
Es muy difícil acercarse a esta problemática sin caer en los derroteros del elitismo. Mi tío Ángel siempre decía que la tolerancia no deja de ser un acto de soberbia, porque cuando alguien ejerce la tolerancia, de una manera interna está aceptando dos cosas: primero, que yo estoy en lo cierto y que el otro está equivocado. Segundo, que el otro es tan terco que es imposible hacerle cambiar de opinión así que, con condescendencia, dejo que haga o diga lo que quiera mientras yo me quedo en mi sitio filosofando y pensando sobre lo acertado que yo estoy y lo equivocado que él está. La tolerancia histórica fue el resultado de aquellos conflictos que en Historia conocemos como las guerra de religión que, enfrentando fundamentalmente a católicos y protestantes, y después de cercenar millones de vidas, no encontraron otra manera de dejar de matarse, que no de encontrar la paz, que ejerciendo la tolerancia y “garantizando” el derecho a existir de las otras confesiones.
Lo cierto es que estas políticas sentaron las bases para que en el siglo XVIII la tolerancia se topara con la ilustración y para que sus pensadores unieran el concepto de tolerancia al de Estado liberal y de libertad. La tolerancia y su espíritu evolucionó hacia un concepto que el Estado tenía que respetar, evolucionó hasta convertirse en un derecho del individuo a hacer o decir lo que entendiera conveniente y que los demás tuvieran que respetarlo. Esto hay que entenderlo dentro de la estructura democrática que regula el Estado por medio de un sistema que regula la libertad de expresión siendo esta una de las libertades más importantes de cualquier país democrático. Con todo, mucha gente emplea esta libertad para decir lo que quiera porque puede, aunque no se pare a pensar si debe hacerlo o en las consecuencias que tendrán sus palabras. Porque, sí, la palabra, y más en el mundo de la comunicación, tiene un poder inimaginable.
Por diversos motivos que darían lugar a tesis, hay gente, demasiada, que no termina de comprender el funcionamiento básico de los sistemas democráticos, recordemos, basados en la tolerancia y no tienen pelos en la lengua para salir defendiendo ideas y propuestas que diezman este sistema al reducir las libertades de los demás. Esto es, en definitiva, falta de tolerancia. Entienden que demasiada libertad no es buena para la sociedad y su correcta evolución. ¿Hasta dónde, entonces, tenemos que tolerar escuchar que vayan en contra de la dignidad y de la libertad de las personas?
La decimonovena enmienda no solamente va en contra de las escrituras, desde el punto de vista patriarcal de la biblia, sino que parece que no se ha llevado adelante en ninguna otra nación porque, aquellas naciones que han abrazado la idea de que haya mujeres al cargo son naciones que han fallado.
Esta es Dale Partridge, un pastor de la iglesia evangélica reformista de Arizona que es una de las voces más críticas y radicalizadas en Estados Unidos que están haciendo un frente común para derogar la décimo novena enmienda, aprobada en 1922 y que reconoce el voto a la mujer en aquel país. Sigue adelante con sus teorías reformistas del derecho a voto proponiendo que el sufragio no sea universal, sino que se delimite a cada uno de los hogares. Un voto por hogar. El voto del cabeza de familia era algo defendido por Manuel Fraga, entre otros. Y, otra vez, lo defiende poniendo a Dios por delante:
Ya sabemos que la alianza diseñada por Dios es para los hogares representados por un cabeza de familia. El jefe de la casa representa a la familia. Lo vemos en la creación. El hombre y la mujer no fueron creados de manera simultanea. Adán fue creado primero y Eva fue creada desde el costado de Adán. Lo vemos en Corintios 1:9 donde vemos que los hombres no fueron creados para las mujeres, sino que las mujeres fueron creados para los hombres.
A lo largo de la entrevista no duda en explicar que el varón, como cabeza de familia, es la cabeza de su mujer y de su hija hasta que esta, la hija, es entregada a otro varón que será su cabeza, y matiza que no hay ninguna mujer descabezada.
Estas visiones y teorías machistas se pueden seguir a lo largo y ancho de las redes. Hay quien es más moderno y no justifica la eliminación del voto a la mujer por diseño divino, sino por algo más mundano. Tan mundano y tan varonil como la guerra en sí. De nuevo volvemos a las correlaciones espurias que la extrema derecha suele esgrimir para justificar sus ideas. En este caso dicen que: como el presidente de los Estados Unidos es el comandante en jefe de los ejércitos, y como las mujeres están exentas del servicio militar, una mujer no debería poder votar le porque, primero, no comprende lo que es la guerra y, segundo, y tal vez lo más llamativo, es que las mujeres tienden a votar a la izquierda, al Partido Demócrata, y eso, dicen, es malo para el país. Así lo dice este conferenciante cuando le preguntan si está de acuerdo en que las mujeres sean excluidas de la educación superior y del derecho al voto:
Eliminar la decimonovena enmienda por supuesto, no creo que las mujeres deban votar. En lugar de reír dejad que os lo explique. Cuando votas eliges al comandante en jefe de los Estados Unidos que, evidentemente, puede enviar tropas a otros países y verse envuelto en guerras. Y aquí está el problema. Las mujeres no tienen que hacer el servicio militar (estoy seguro de que muchas mujeres no saben lo que es el servicio militar) y me parece ridículo que una mujer elija a alguien que puede mandar hombres a la guerra. Además, las mujeres tienden a votar a la izquierda, tienden a votar a casos particulares, como el aborto y votar a cómo matar bebés en lugar de votar por políticas exteriores.
Este hombre se llama Myron Gaines y es un conferenciante de esos que defiende que en el mundo actual no se puede decir nada. En su canal de Youtube, que no voy a nombrar por razones obvias, defiende que él dice cosas que no se pueden decir (el famoso: hoy en día no se puede decir nada) porque la cultura progresista lo ha embarrado todo. Entre las cosas que no se pueden decir, según él, es que la mujer es inferior al hombre y que por eso tiene que hacer ella las felaciones. Cuando le pregunta cuál es su idea sobre cuál debe ser el rol de la mujer en la sociedad, él responde:
El rol de la mujer en la sociedad es tener hijos, tener una familia, estar en la cocina haciendo sándwiches deliciosos y ser un gran apoyo para sus hombres. Es donde ellas destacan más. No son iguales a los hombres de ninguna manera y, cuando intentamos hacerlas iguales, la jodemos.
Hay veces que es complicado creer que esta gente realmente piense como habla. Es posible que sea simplemente gente con poca vergüenza que han hecho de defender y de decir esta sarta de barbaridades su modo de vida. Este hombre tiene público que va a verle, que le aplaude y que le ríe las gracias y seguramente mucho de este público, y aquí puede estar el problema, va a ver y a escuchar a esta gente aunque tengan una postura diametralmente opuesta. Sin embargo van, y esto sucede mucho en el mundo virtual, porque escuchar a alguien que dice animaladas fuera del tiesto puede ser una experiencia entretenida y divertida como son, por ejemplo, los chistes de humor negro. Ahí queda ese personaje de Torrente usado por Santiago Segura para presentar a esa clase social fascista, casposa y tonta y burlarse de ellos por medio de la risa.
Cuando he reaccionado a alguno de los videos de los cortes que os he presentado, algo ha pasado en mis redes que durante un tiempo incómodamente largo todos los videos cortos que me han aparecido versaban sobre lo mismo. Huelga decir que cada uno era peor que el anterior. Todos ellos con cientos, sino con miles, de reacciones y comentarios que, dicho sea de paso, eran generalmente contrarios a la idea defendida (podemos decir que todavía hay esperanza) pero aquí es donde vemos la parte perversa del asunto. Al motor de la red social no le importa el contenido de tu reacción, sino tu reacción en sí. No he dejado de ver esos videos aunque he reaccionado negativamente a muchos de ellos y es aquí donde entra la paradoja.
Esta gente de deleznable discurso domina las redes porque la gente le presta atención. La gente reacciona ante discursos de este estilo y los escucha sólo por la curiosidad de ver la barbaridad que dice en ese momento o, como es mi caso, para ponerlo negro sobre blanco y condenarlo con la palabra. Pero todos reaccionamos, compartimos y comentamos y nos llevamos las manos a la cabeza y corremos a difundir su contenido con la bondadosa intención de ponerlo en evidencia. Y es, precisamente, en este punto, donde estamos todos logrando exactamente lo contrario de lo que pretendemos.
No es nuevo que un partido como VOX salga defendiendo la prioridad nacional, ni denigrando al inmigrante o a las políticas progresistas. Los demócratas y los tolerantes debemos matar el mensaje, no al mensajero (ellos matan al mensajero) y cortarlo de raíz. Si cada vez que alguien sale defendiendo ideas extremistas todo el mundo corre a llenar titulares, programaciones, videos o comentarios, estamos, todos, haciendo de altavoz para su idea, la estamos difundiendo a los cuatro vientos mientras ellos, los autores de la idea, consiguen lo que quieren: difusión con polémica.
La calidad de la televisión en España está realmente en número negativos porque, aparte del sensacionalismo político instaurado, ha buscado generar audiencia de la manera más absurda como, por ejemplo, aceptando debates sobre si la tierra es plana, o sobre si el protector solar realmente funciona; ha aceptado debates sobre si los inmigrantes tienen derechos o no o sobre si las mujeres son realmente víctimas de la violencia machista; o sobre si el cambio climático es un invento comunista. No importa. Sólo quieren el click, sólo quieren a ese espectador que pone la televisión para buscar la barbaridad del momento, y comentarla.
No hay que debatir todo. Si tu interlocutor te pide un debate sobre si la tierra es plana, sobre si la luna está más cerca que Huelva, sobre si el protector solar es nocivo o sobre si beber agua de mar es sano o no, mucho me temo que no hay debate, que aquí no es.
Hace pocas semanas el mundo de la comunicación se ha visto sacudido por la inesperada renuncia de Ángels Barceló, de algunos de sus colaboradores y del director de informativos de la Cadena Ser por discrepancias con la dirección sobre el tratamiento de la información. Huelga decir que periodistas como Ángels se negaron en rotundo a entrevistar a miembros de la formación de VOX precisamente por eso, para evitar que usaran los micrófonos de la Cadena Ser como altavoz de sus ideas. Ángels y compañía mataron el mensaje cortándolo de raíz igual que todos intentábamos cortar el contagio del coronavirus. La prueba de que aquello estaba funcionando es que siendo la cadena más escuchada del país la derecha no tenía cabida en ella, no podía usar su altavoz para defender ideas que son, si, deleznables. El resultado ha sido que el poder económico ha ganado, se ha quitado del medio a estos periodistas que se propusieron matar el mensaje y, sin haber pasado ni una semana, han entrado como invitados políticos del PP usando sus antenas para defender lo indefendible.
Para los milenial, acudir a ese capítulo de Los Simpson, un especial de Halloween, en donde los carteles publicitarios cobran vida y empiezan a destruir Springfield. Lisa acude a Pol Anca y este dice: la publicidad vive de que la gente le haga caso. No miréis a los monstruos y estos morirán. Y es lo que pasa. La gente deja de hacer caso a esos monstruos destructivos, empiezan a mirar hacia otro lado, empiezan a matar el mensaje, y los monstruos mueren.
No se debate si la mujer tiene que tener derecho a voto no. Si queréis debatir eso, lo siento, pero aquí no es.