Schengen: Las fronteras sibilinas

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Todo es susceptible de ser interpretado. Un país llamado Europa es uno de los mayores logros de la Historia al pasar de un escenario de guerras constantes a un panorama de cooperación y unión sociopolítica sin precedentes. El nacimiento del espacio Schengen fue la primera gran victoria de este proceso al unificar todo el territorio bajo una suerte de normativa común a fin de fomentar el espacio de movimiento único. De esta manera, un país llamado Europa estaba más cerca al haber conseguido esta unificación de criterios garantizando a sus miembros una estabilidad en el movimiento.

     Como “país”, como horizonte cultural, lo que nos define es una idea común de democracia, libertad, igualdad, prosperidad, en definitiva, un Estado de derecho que entendemos como únicoschengen-2-cuadro-1 y justo que, además, justifica el sistema, haciendo que aquellos países que no comulgan con él, o tienen otro distinto, sean vistos como ajenos y como no democráticos. Sin entrar a considerar si esta afirmación es cierta o no, lo que sí es cierto es que en los últimos dos años hemos vivido en nuestras propias carnes cómo existen muchas discrepancias al respecto, tanto dentro como fuera, que han generado un debate, no en torno a si somos o no un “país”, sino a si Schengen pone en peligro todo nuestro sistema.

     El siglo XXI abrió con un gran ataque terrorista en el seno de Nueva York generando la gran conmoción política de las dos primeras décadas del XXI. El terrorismo internacional fue reconocido como un problema por buena parte de los Estados, así como también por sus perpetradores, quienes se acercaron a este como medio de atemorizar a los países occidentales. Esto nos lleva a la primera gran obviedad: el terrorismo internacional supone el reconocimiento de un enemigo no invisible geográfica y personalmente, convirtiendo esta incertidumbre en su arma maestra.  Existe un artículo, El Boko haram o el Hastag del año, publicado en el blog de la fundación IS+D para la Investigación Social Avanzada, (http://isdfundacion.org/2014/07/28/bring-back-our-girls-el-boko-haram-o-el-hashtag-del-ano/), donde se explican de manera sucinta el porqué de la aparición de estos grupos armados. El más común a día de hoy, que junto con Donald Trump suelen copar las secciones internacionales de todo tipo de medios, es el Estado Islámico, uno de tantos actores que abrazan el terrorismo para dar golpe al occidente, que entiende falaz y causante de buena parte de los males del mundo. Este grupo abraza el islamismo fundamentalista y lo defiende por medio de las armas perpetrando todo tipo de acciones deleznables. La conocida guerra siria, en la que participa como uno de los actores principales, y que por su complejidad no podemos analizar en este artículo, pero sí en otros, es su centro neurálgico, junto con el devastado Irak, desdschengen-2-cuadro-2e donde dirige ataques a Europa y Estados Unidos.

     Tanto unos como otros se han afanado en proteger sus bastiones internos cara a evitar cruentos atentados, no siempre con éxito. El control de fronteras es un acto común que todos los pasajeros tenemos que sufrir cara a mantener la seguridad, pero, ¿si no hay fronteras?

    Estas existen, evidentemente. Todos los países miembros de Schengen tienen conexiones con el mundo extracomunitario y, como tal, tienen sus protocolos de control. Cuando llegas, por ejemplo, al aeropuerto Helmut Smith de Hamburgo, y lo haces desde un país comunitario, entras por una puerta donde indica “Schengen”. Pero cuando llegas desde un país extracomunitario, es necesario pasar por el control de pasaportes. ¿Y qué pasa cuando llegas de otra manera? De otra manera me refiero, de otra  manera. Citar al Estado Islámico es una excusa para citar a Siria; y citar a Siria ha sido una excusa para citar a la gente que se mueve y que intenta entrar en otros países pasando sus fronteras. Ya, ya hemos llegado al punto difícil del tema: las fronteras de Schengen son inexistentes para los comunitarios, y escarpadas para los terceros.

     Cada país miembro tiene una política de extranjería propia que no puede pasar por encima de la estrategia común, argumento general argüido para su no aplicación en determinados países, y es aquí donde hemos encontrado la discrepancia en la Unión y donde, además, encontramos la evidencia de que Schengen afecta al corazón último de la Unión.

     Y es que Europa está compuesto por veintisiete Estados soberanos que tienen que ponerse de acuerdo cada día para mantener el Estado de cosas, y Europa no deja de ser Europa. Frente a países más ldaeshiberales y tolerantes, existen otros más conservadores y cerrados ante el hecho de la apertura migratoria.

     La guerra de Siria ha generado millones de desplazados que han marchado a occidente procedentes de ese y otros países, para buscar una vida distinta a sus orígenes.  La idea del emigrante como un “ladrón del trabajo nacional” o un “parásito para nuestros Estado del bienestar” ha calado en sectores político sociales conservadores, como en Hungría, tristemente famoso por su gobierno cercano al fascismo, conservadurismo y quasi racismo. Si es en tiempos de crisis cuando realmente se ve la naturaleza de las personas, en la institución europea no puede ser menos, donde podemos entrever que todos somos Schengen mientras todo vaya bien, y que los valores europeos son buenos y se quedan por y para los europeos; aunque en el momento de abrirse a exportar estos valores a personas procedentes de otros lugares, resulta que no siempre somos tan abiertos.schengen-2-cuadro-3

     No, no seamos tan demagogos. Europa ha aceptado refugiados, muchos –desde luego, más que toda la media de los que ha aceptado el Reino de España-. Sucede que el populismo conservador ha utilizado esta premisa para vender la vulnerabilidad de una Europa transfronteriza donde, en el momento en que estás dentro de cualquier país miembro puedes moverte libremente por todo el conglomerado. Si eres un terrorista, estamos todos vendidos.

     Los recelos de la vieja Europa han reaparecido con la crisis de los refugiados dando alas a los euroescépticos encontrando ahora una excusa perfecta para cargar contra Schengen y el espacio común, abogando por su control o, incluso, por su desaparición. Acontecimientos como el Brexit o los continuos discursos anti europeos procedentes de partidos conservadores, han sacado de nuevo a relucir las diferencias entre los Estados que conforman la unión, acusándola de ser una institución que socava la soberanía de los diferentes Estados al impedirles obrar de manera soberana en materia de extranjería. Las fronteras sibilinas no son, en definitiva, contra los refugiados, toda vez que, en líneas absolutas, no parece existir un rechazo a estos por parte de la ciudadanía; son, como decíamos, intentonas por parte de grupos escépticos o conservadores a la hora de interpretar el concepto de nación, para reducir la competencia de la confederación y recuperar la idea de las viejas naciones europeas que, según ellos, la Unión ha fulminado frontera-hungria-2015fomentando, además, el “gorroneo” –o el free raider, como se dice en politología- de aquellos que vienen a aprovecharse del bien estar nacional. Países fronterizos con terceros Estados, como España o Hungría, han levantado vallas para evitar la entrada masiva de emigrantes refugiados. En el caso húngaro, su gobierno defiende abiertamente su deseo de evitar la emigración, sea cual sea, acusando a los refugiados de delincuentes o terroristas y no dudando en emplear todo tipo de represalias, legales o alegales, para evitar su entrada. Todavía hoy, este discurso no se da en España.

     Lo realmente preocupante es que, en el caso húngaro, no siendo un caso aislado en Europa de Este, la opinión pública es mucho más propicia al cierre de las fronteras y mucho más celoso a la libre circulación, aun cuando estos se beneficiaron abiertamente de sus políticas en su entrada en el club europeo, que en sus homólogos occidentales, bastante más abiertos en este aspecto.

    Europa se mueve y abre 2017 con muchos deberes que hacer, huecos que cubrir y errores que solucionar, sobretodo el problema de los euroescépticos, que no sólo aparecen por la realidad de los refugiados, sino que también aparecen gracias al descontento con las políticas de la Comisión en unos momentos de crisis económica, que se ha decidido solucionar retrotrayendo los servicios públicos e inclinando la balanza hacia los sectores productivos obviando o esquivando a la población.

     Schengen representa al país llamado Europa, fruto de un proceso complicado y de altísimo nivel político; país llamado Europa que está peligro en tanto en cuanto sus ciudadanos, y todos sabemos a quiénes nos referimos, tras una década de crisis, ven cada vez más a Europa como un problema, y no como una solución. Y, efectivamente, los refugiados no tienen la culpa.

 

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