
Antes de empezar, una vez superada la resaca del artículo anterio
r, debemos hacer una pequeña aclaración imprescindible: el protestantismo fue la primera de decenas de diferentes interpretaciones nacidas tras el proceso de reforma. Protestantes, evangelistas, reformistas, calvinistas o anglicanos son ejemplos con numerosos adeptos entre las decenas de interpretaciones que nacieron fruto de esta reforma. Y ya, nada más empezar, hemos topado con la principal características de este nuevo sistema: la libertad de elección. ¿Recordáis cómo los adheridos a esta nueva interpretación se apoyaron en la capacidad del individuo para relacionarse directamente con Dios sin necesidad de la existencia de una jerarquía terrenal? También recordaréis, entonces, cómo esta afirmación supuso el cuestionamiento de los poderes políticos de muchos príncipes generando que unos temieran por la pérdida de esta mientras que otros la aceptaran y utilizaran la tesitura para independizarse de Roma. Hasta aquí hemos hecho una rememoración de los artículos anteriores. Si los justos viven por la fe (Romanos,1:17) no es necesaria la intervención de la jerarquía eclesiástica. Los individuos consiguen la soberanía propia respecto a su relación con Dios y esto, elevado a un conjunto de individuos, genera la existencia de una iglesia heterodoxa que reconoce, o al menos en un primer momento, las diferencias entre individuos.

Éstos sólo tienen que vivir acorde a las enseñanzas religiosas recogidas en la Biblia y, si tienen fe, serán justos, o sea, vivirán acorde a lo establecido y, en el momento del Juicio, esta fe acreditará su justicia y les servirá como defensa ante las puertas del cielo, sin necesitar nada más para obtener la salvación.
Sí, lo habéis adivinado. Esta interpretación deja plena libertad de movimiento a los creyentes para que estos se agruparan y vivieran como ellos quisieran. El movimiento lógico fue el traslado de esta idea a las comunidades de diferentes territorios, los cuales terminaron por fundar sus propias iglesias. ¿Os imagináis un movimiento
más soberbio a ojos de los católicos?
Todos estos creyentes se reunían, y reúnen, los domingos en sus iglesias, pero sus liturgias son sensiblemente distintas a las católicas. De hecho, son completamente distintas. El patetismo y la redención permanente del católico, el cual se pasa la ceremonia repitiendo, implorando perdón y flagelándose por pecados que aún no han cometido, y todo ello bajo la mirada atenta del sacerdote que sigue un guion establecido por otros que te dicen lo que tienes que creer, las interpretaciones reformistas, simplemente, no tienen guion establecido. Las tenemos más o menos conservadoras, lo que determinará también mayor o menor tradición en las liturgias pero, en líneas generales, las misas de estas interpretaciones son reuniones de creyentes que celebran su fe, algunos, con una alegría, en ocasiones, sobre actuada, pero alegría, no obstante.
Algunas de estas comunidades, las más típicas, desde luego, eligen a un pastor de entre la comunidad. Este es uno más, con su trabajo, su familia, casa, pareja o hipoteca que hace servicios a la comunidad dirigiendo la homilía de los domingos, manteniendo la iglesia, dando consejo y un largo etcétera. Algunos, incluso, tienen esto como oficio, viviendo del sacerdocio ordenados en una conferencia de pastores, como es el caso del Luteranismo.
Venga, animaos, haced un ejercicio de abstracción y, por favor, tomemos este ejemplo desde una perspectiva objetiva deshaciéndonos de nuestra idea preconcebida. Situémonos en aquellos momentos donde la religión era el principio de autoridad por antonomasia –por ejemplo, finales del siglo XVII-, encontrando dos modelos de sociedad: uno donde el individuo vive bajo la influencia de la iglesia católica, con una cultura de obediencia plena y de no reconocimiento de la capacidad individual para con el Credo, sino que, desde el principio, se acepta que son ellos, el clero jerárquico, quien tiene la potestad última de la relación entre tú y Dios; y otro en donde se inculca que la relación y la salvación depende de ti, siguiendo la palabra de Dios, que es aprendida por una comunidad donde cada uno tiene una experiencia personal que comparte los domingos en la iglesia. Efectivamente, y han hecho falta cuatro artículos para llegar a esta proposición, el criado acorde con el panorama reformista, será un creyente con mayor capacidad personal que la que tendrá un católico y, como tal, esto determinará su vida adulta y la de aquellos que le rodean.

Por tanto, encontraremos tantas liturgias como comunidades haya y eso significa, necesariamente, una gran riqueza en las formas de estas. El ejemplo más claro es el Gospel, una suerte de misa cantada que aúna el credo religioso con las formas musicales de diferentes comunidades negras, antaño esclavas, que llevaron su cultura a la liturgia. Aquí, y esto es casi innegable, las interpretaciones reformistas fueron mucho más abiertas con la cultura que las rodeaban mientras que, el catolicismo, por su propia naturaleza, tendía a neutralizar y a imponer su forma.
Volvamos a la pregunta: ¿es el reformismo menos malo que el catolicismo? Respuesta: No pienso ser yo quien responda. Sí es empíricamente demostrable que aquellas naciones que se decantaron por una o por otra han conocido desarrollos políticos diferentes, tal como mostraremos en el quinto y último artículo.
Resulta obvio que el poder establecido actúa de una manera distinta a como lo hace el pueblo. Mientras que el catolicismo tiranizó con su poder político, absoluto en algunos países Mediterráneos, como España o Italia, las tradiciones reformistas tiranizaron con la tradición social. La política, el Estado, nació, entre otras muchas cosas, para poner orden en el caos social ante la creencia de que esta, en tanto en cuanto fuera reconocida por todos, podría incluso llegar a ser un poder con más conocimiento toda vez que tiene una perspectiva cenital de las situaciones y problemas sociales. Parte de las competencias del Estado son, precisamente, suavizar los impulsos viscerales que puede tener una sociedad en un momento dado.
Bien, desde esta perspectiva, el catolicismo se ha mostrado más cauto, en tanto poder que es, y se ha centrado en evitar desórdenes entre los creyentes haciendo valer el donde hay patrón no manda marinero, incluso reduciendo linchamientos sociales de la misma manera que el Estado ejerce el monopolio de la violencia legítima. Sin embargo, las tradiciones reformistas, al ser independientes de esta jerarquía, es cierto que han cometido atrocidades, quedando ahí las sempiternas caza de brujas, entre otros ejemplos, muy reducidas en el catolicismo. Es un aspecto un poco difícil de explicar, pero espero que se entienda tal como Hobsbawm alegó una vez, diciendo que es más fácil cambiar una constitución que una tradición. La tiranía de la mayoría puede ser letal en ocasiones, dando

lugar al nacimiento de diferentes sectas contrarias a muchos principios fundamentales. ¿Por qué sucedería esto? Porque sin un control establecido del credo, la “deriva” aspectual en este caso terminó por incluir elementos originarios de tradiciones sociales dentro de un ideario religioso. Sucedió, por ejemplo, con las brujas (malas). Fruto de tradiciones locales, se introdujeron en el panorama religioso protagonizando auténticas cacerías y ejecuciones fruto de procesos y acusaciones falaces. Se conocen decenas de procesos inquisitoriales contra brujas, pero no se acerca ni en número o histeria a los procesos llevados a término en estas comunidades.
Diferencias todas estas tan complejas de definir como la diferencia entre lo social y lo político. Pero, no temáis, en el siguiente, y último artículo, nos acercaremos a ello.