Editorial

May, o el miedo del ignorante

18/01/2017

     Ayer, Theresa May corroboró, desde su tribuna de Westminster, que el Reino Unido abandonará definitivamente la Unión Europea y que, en algún momento del año 2017, pondrá en marcha el Artículo 50 del Tratado de la Unión comenzando la desconexión con el resto del continente.

   Es la sociedad quien hace la Historia y, en tanto en cuanto esta tiende a repetir ciertos patrones, no es descabellado, desde el punto de vista analítico, decir que llevamos un par de años dando pasos hacia atrás después de haber dado varios hacia adelante.

     Esta sociedad, la británica, digo, ha decidido poner la marcha atrás y asentarse en preceptos pasados, fundamentarse en ideologías ya superadas y levantarse un año atrás cada día que pasa. La alienación absurda en la que se mueve les lleva a ver charlies por todas partes, inmigrantes amenazantes del sistema, me refiero, y a acusar a la Unión de poco más que de «chupa sangres» de su modelo, de usurpadores de su soberanía y de ser el lastre para todo su ser. Ante ello, ante esta amenaza en ciernes, han optado por el cierre de fronteras, control de cuotas a la inmigración, e incluso proponer medidas tan absurdas como cobrar de más a una empresa que contrate inmigrantes en lugar de británicos cuando no es, ni por asomo, el país europeo más solidario con la inmigración. Han optado por parar la máquina en, más o menos, ¿1920? Aunque por aquel entonces era un imperio y seguramente fuera más abierto que ahora.

     No hay nada peor que la osadía del ignorante y, mientras Europa se aprovecha del libre movimiento enriqueciéndose culturalmente, los británicos se empeñan en levantar muros, en alejarse de una Unión que siempre ha cedido a sus peticiones y, en definitiva, a plantear la soberbia de presentar la desconexión a su ritmo. La Unión tiene paciencia, hasta cierto punto, y su negativa de reconocimiento de los diputados británicos, o su postura de no hablar con Londres hasta que active el artículo 50 tiene mucho de respuesta a este acto de oprobio a los veintisiete que Westminster lleva enalteciendo desde hace algunos meses. Igual temen que haya una normativa europea que les obligue a circular por la derecha.

    De todas formas, ¿no es absurdo para un imperio cerrarse al mundo exterior cuando es este precisamente su  ámbito de actuación? La endogamia cultural también es fatal para evolución genética. Habrá que ver si al menos los escoceses recuperan la cordura.

     Va a ser verdad lo que dijo mi profesora de lengua y literatura del instituto: el miedo del ignorante es la fuerza del fascista.

 

Corruptor de Conciencias

¿Y si el problema de los partidos es que son máquinas de ganar elecciones?

 

16/01/2017

    Hoy, además de las comparecencias de Bárcenas y Cospedal, se ha convalidado la postulación de Patxi López como candidato a Secretario General del Partido Socialista. He tenido la suerte de poder escuchar la entrevista que le han hecho en la SER a primera hora de la mañana y me ha gustado, la verdad. No me ha gustado el tono empleado por el medio que, parece que, aun teniendo delante a un candidato a la Secretaría General del PSOE, una de las primera preguntas, o bloque de preguntas, han versado sobre sus relaciones personales con el saliente, Pedro Sánchez; en si le había traicionado o no; en si había traicionado o no al PSOE y en si sus relaciones personalistas internas generaran conflictos, o no.

    En el debate posterior, un participante ha afirmado expeditivamente que los partidos son máquinas de ganar elecciones, y no me puede parece más cierto. Y seguramente ahí esté el problema de todo este carajal. Es cierto que la española es una democracia joven que ha vivido un 2016 convulso fruto de los cambios estructurales, normales, por los que pasa cualquier población con un cambio generacional. El panorama no es tan desalentador, para nada, toda vez que parece que, por fin, están condenados a entenderse.

     Pero no dejamos de ver la espectacularización de la política como un problema serio. Lo que en sociología se llama democracia de audiencia ha calado en España, y occidente, hasta tal grado que los políticos, en aras a conseguir el voto, reducen el discurso a lo simple, a lo polémico, a lo fácil, a lo «siempre he sido fiel a mi Secretario General», y no en «Si soy Secretario General del PSOE -un partido nada desdeñable- haré política»-, y sería bueno añadir el «lo que suceda con mi ex-secretario, off the record, no debería influir» No sólo no lo ha hecho, si no que en la entrevista parecía no importar nada más que lo que puedan llegar a pensar los «barones» regionales o los líderes morales de los diferentes bandos. Es de justicia reconocer que la calidad política de Patxi López le mantiene en esa aura rara alejada de estos niveles de cutrismo. Al menos, por el momento.

    Y resulta que cuando un político ha llegado al puesto por estos medios, por caer bien, y no por su saber hacer, llegamos a situaciones tan tremebundas como las que vivimos hoy en día, con discursos muchas veces vacíos, rozando, todos, un populismo televisivo, cada cual en su feudo ideológico, pero sin entrar en las partes más importantes. Parece que lo que genera audiencia y votos es ver a diversos diputados, representantes de la soberanía nacional, dando voces en tertulias televisivas en prime time, reduciendo la calidad que debe acompañar a todo político hasta niveles cuestionables. No, la política no es un plató.

    Las palabras se las lleva el viento.

Corruptor de Conciencias